EL ARREPENTIMIENTO

At-Tawba
Los Jardines de los Justos. Imam Nawawi. Capítulo II

(El arrepentimiento o el acercamiento a Allah después de haberse alejado de Él)



Dicen los Ulamá: Es obligatorio hacer tawba de cada falta. Y si ocurre entre el siervo y su Señor, sin que intervenga nadie más, tiene tres condiciones, que son: la primera, abandonar la mala acción completamente; la segunda, entristecerse y dolerse por haberla hecho; y la tercera, hacer el firme propósito de no volver a caer en ella. Y si no se da ninguna de ellas, la tawba no es válida. Pero si la falta ocurre entre hombres las condiciones son cuatro: las tres mencionadas y que se restituya a su dueño lo que es suyo. Si se trata de dinero o algo parecido hay que devolverlo y es obligatorio hacer tawba de todas las faltas. Y las indicaciones de esta obligatoriedad se manifiestan en el Corán, en el hadiz (Sunna) y en el consenso general de la umma.


Sagrado Corán

Dijo Allah, Altísimo sea:

"¡Giradse todos a Allah, oh creyentes, tal vez así obtengáis el éxito!"

(La luz /31)

"¡Pedid el perdón a vuestro Señor, después giradse a Él!"

(Hud /3)

"¡Oh creyentes, haced tawba de forma sincera y correcta!"

(Lo sagrado /8)


Hadiz: 

 

1. 13.

  Se transmitió de Abu Huraira, Allah esté complacido con él, que oyó decir al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz:

"Por Allah que yo Le pido perdón y hago tawba más de setenta veces al día."

Lo relató Al Bujari..




2. 14.

  De Al Agarri Ibn Yasar, Allah esté complacido con él que el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, dijo:

"¡Oh gentes, giraos a Allah y pedidle perdón, pues yo Le pido el perdón cien veces al día!"

Lo relató Muslim.





3. 15.

  De Anas Ibn Malik, Allah esté complacido con él, sirviente del Mensajero de Allah, que dijo el Profeta, Allah le bendiga y le de paz:

"Allah se alegra y complace con su siervo arrepentido más que uno de vosotros que encuentre su camello después de haberlo perdido en el desierto."

Lo relataron Al Bujari y Muslim.

Y en un relato de Muslim:

"La alegría de Allah con el arrepentimiento de su siervo, cuando se vuelve a Él, es mayor que la de uno de vosotros al que, estando en una tierra desierta, se le escapa la montura con la comida y el agua. Desesperado y desistiendo de ella, se echa a la sombra de un árbol. Y mientras se encuentra allí aparece su montura en pie junto a él y agarrándola por las riendas, en vez de decir: ‘¡Oh Allah, Tú eres mi Señor y yo soy tu siervo!’ dice: ‘¡Oh Allah! Tú eres mi siervo y yo soy tu señor’. Erró por su inmensa alegría."




4. 16.

  De Abu Musa Al Asharí, Allah esté complacido con él, que el Profeta, la paz y la bendición de Allah sean con él, dijo:

"Allah, Altísimo sea, extiende Su mano por la noche para que se vuelva a Él quien le desobedece por el día; y extiende Su mano por el día para que se vuelva a Él quien le desobedece por la noche. Así, hasta que salga el sol de poniente."[1]

Lo relató Muslim.




5. 17.

  De Abu Huraira, Allah esté complacido con él que el Mensajero de Allah, sobre é?l sea la paz y la bendición de Allah, dijo:

"Allah aceptará la tawba de aquel que la haga, antes de que salga el sol de poniente."

Lo relató Muslim.




6. 18.

  De Abdullah Ibn Umar Ibn Al Jattáb, Allah esté complacido con los dos, que el Profeta, la paz y la bendición de Allah sean con él, dijo:

"Allah, Poderoso y Majestuoso, acepta la tawba del siervo mientras no esté agonizante."

Lo relató At Tirmidí (Hadiz Hasan).




7. 19.

  Se transmitió de Zir Ibn Hubaish, que dijo:

"Vine a ver Safuan Ibn Assal, Allah esté complacido con él, para preguntarle acerca del frotamiento del calzado (juff) en el wudú y me preguntó: ‘¿Qué te trae por aquí, Zir?’

Yo le contesté: ‘Busco el conocimiento’.

Y él dijo: ‘Ciertamente, los ángeles bajan sus alas ante el buscador de conocimiento, en señal de complacencia por lo que buscan.’

Y le dije: ‘Tengo una duda sobre el frotar el calzado después de hacer las necesidades. Y como tú has sido uno de los compañeros del Profeta, que Allah le bendiga y le de paz, he venido a preguntarte si le oíste mencionar algo sobre esto.’

Dijo: ‘Sí, solía permitirnos, mientras estábamos de viaje y durante tres días y tres noches, hacer el wudú frotando sobre el calzado (juff), pero no para el gusul.’

Después le dije: ‘¿Le oíste mencionar algo sobre la amistad?’

Dijo: ‘Sí. Estando con el Mensajero de Allah, que Él le bendiga y le de paz, en un viaje, cuando le llamó a gritos uno del campo ‘¡Oh Muhammad!’ y le contestó el Mensajero de Allah, que Él le bendiga y le de paz, con el mismo tono de voz. Entonces yo recriminé al campesino diciéndole: ‘¡Baja tu voz! ¿No ves que estás delante del Profeta, que Allah le bendiga y le de paz, y se nos ha prohibido hablarle así?’

Dijo el campesino: ‘¡No bajo la voz! Pues el hombre de un pueblo quiere a la gente de otro pueblo, aunque no sepa tanto como ellos y no se comporte igual que ellos.’

Dijo el Profeta, Allah le bendiga y le de paz: ‘El hombre estará con quien más quiera en el Día del Juicio.’

Y después, hablándonos de una puerta de poniente y su anchura, dijo que un jinete tardaría en recorrerla cuarenta o setenta años.

Dijo Sufian, uno de los transmisores, mirando a poniente: ‘Lo creó Allah el día que creó los cielos y la tierra, abierto al tawba y no se cerrará hasta que no salga el sol por él’."

Lo relataron At Tirmidí y otros. (Hadiz Hasan Sahih).




8. 20.

  De Abu Saíd Al Judrí, Allah esté complacido con él, que el Mensajero de Allah, que Él le bendiga y le de paz, dijo:

"Hubo un hombre que mató a 99 personas y preguntó por el más sabio de la tierra. Le indicaron a un monje, fue a verlo y le preguntó que si habiendo matado a 99 personas se le aceptaría su tawba.

Y le respondió: ‘¡No!.’

Entonces lo mató, completando así los cien.

Después volvió a preguntar por el más sabio de la tierra. Y le indicaron a un gran sabio al que preguntó que si habiendo matado a cien personas se le aceptaría su tawba.

Le respondió: ‘¡Sí! Y nadie se podrá interponer entre tú y tu arrepentimiento.’

A continuación le dijo:

‘Parte a una tierra en la que encontrarás a una gente que adora a Allah, Altísimo sea. Adórale tú con ellos y no regreses a tu tierra, que es mala.’

Marchó y llegando a la mitad del camino le sobrevino la muerte. Entonces dilucidaron sobre él los ángeles de la misericordia y los del castigo, y dijeron los primeros:

‘¡Venía con su corazón arrepentido a Allah, Altísimo sea!’

Después dijeron los segundos: ’¡Realmente nunca hizo bien!’

Entonces llegó un ángel con forma humana, lo hicieron juez entre ellos y dijo:

‘Medid desde la tierra que venía hasta la que iba y de la que más cerca estuviere al morir, de ella es.’

Midieron pues, y lo encontraron más cerca de la tierra a la que iba. Así que lo cogieron los ángeles de la misericordia."

Lo relataron Al Bujari y Muslim.

Y en un relato Sahih de Al Bujari se dice:

"Y al estar un palmo más cerca de la aldea buena lo hicieron de su gente."




9. 21.

  Se transmitió de Abdullah Ibn Kaab Ibn Málik, que dijo:

"Oí a Kaab Ibn Málik, Allah esté complacido con él, en su hadiz de cuando se quedó atrás y no acompañó al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, en la campaña de Tabuk.

Dijo Kaab: ‘No dejé de acompañar al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, en ninguna de las campañas que hizo, excepto en la de Tabuk, aparte de haberme quedado atrás en la campaña de Badr por la que no se recriminó a nadie que no la hiciera. Y en la que salieron el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, y los musulmanes al encuentro de la caravana de los Quraichitas, y Allah quiso que se enfrentaran al enemigo sin previo acuerdo.

Sin embargo, estuve presente con el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz,, en la noche de Aqaba, cuando le dimos nuestro bayá. Y no me gustaría cambiar ese día por el de Badr, aunque para la gente sea este último más recordado.

En cuanto a haberme quedado atrás en la campañ?a de Tabuk, puedo decir que nunca había estado tan fuerte y por Allah, que antes de ese día, nunca había preparado dos monturas como las que preparé para esa campaña.

Era costumbre del Profeta, Allah le bendiga y le de paz, no mencionar la campaña que quería hacer, con excepción de la de Tabuk por su extremada dificultad.

Esa campaña la preparó el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, para realizar un largo y penoso viaje, en el que habrían de soportar un fuerte calor. Se enfrentarían a un gran número de enemigos. Les dijo a todos cómo sería la campaña de dura para que hicieran los preparativos necesarios y se pertrecharan debidamente.

Por otro lado, el momento era propicio para escabullirse al no haber registro de hombres en libro alguno.

La campaña la realizó el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, en el momento en que los frutos estaban en su punto y cuando la vegetación era más frondosa. Y esto me atraía en gran manera.

Se preparó el Mensajero de Allah y los musulmanes también se prepararon con él. Yo me levanté temprano para prepararme con él, pero me volví sin hacer nada. Pues, me dije a mí mismo:

¡Puedo hacerlo en cualquier momento!

Continué con este planteamiento mientras que todos los demás ya se habían levantado y preparado para la marcha.

Así que partieron con rapidez y ya se habían adelantado hacia la campaña, cuando pensé montar y darles alcance.¡Ojalá lo hubiera hecho!

Después no me fue posible. Pues, pensé que si salía al encuentro de la gente, después de la salida del Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, me entristecería el hecho de que no viera a otro en mi misma situación más que por hipocresía o incapacidad.

No preguntó por mí el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, hasta que llegó a Tabuk. Y estando sentado con la gente preguntó:

‘¿Qué ha sido de Kaab Ibn Málik?’

Le contestó un hombre de Banu Sálama, diciéndole:

‘¡Oh Mensajero de Allah, le ha retenido su vanidad y engreimiento!’

Inmediatamente, replicó Muádh Ibn Yábal, Allah esté complacido con él:

‘¡Mala cosa, lo que has dicho! ¡Por Allah, oh Mensajero, que no conocemos de él nada que no sea bueno!’

Al oír esto, el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, se calló y no dijo nada.

En ese momento apareció la mancha blanca de un caminante en la lejanía y dijo el Profeta, Allah le bendiga y le de paz:

‘¡Abuljaizam!’ Y efectivamente era él, del cual se mofaron los hipócritas por dar como sádaqa un puñado de grano solamente.

Continuó Kaab:

Cuando me llegaron noticias de que el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, había salido de Tabuk en caravana y se dirigía hacia aquí, me intranquilicé. Empecé a pensar en la mentira que le diría para escapar a su enojo. Hasta pedí ayuda a la gente de opinión, de entre mi familia, para encontrar un argumento válido.

Cuando dijeron que el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, se encontraba cerca y su llegada era inminente, se desvaneció mi falsedad y supe que jamás tendría éxito alguno en ella. Así que, resolví decir la verdad.

Llegó el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, a Medina y siempre que venía empezaba por la mezquita. Rezó dos rakas en ella para después sentarse con la gente.

Una vez sentado en la mezquita se acercaron a presentar sus excusas y a jurar al Profeta, Allah le bendiga y le de paz, los que se quedaron atrás y estuvieron ausentes en la campaña.

Fueron ochenta y tantos hombres y les aceptó las excusas aparentes, fiá?ndose de ellos. Pidió el perdón para ellos y encomendó sus secretos a Allah.

A continuación llegué yo y se sonrió con una sonrisa airada. Después dijo:

‘¡Ven!’

Me acerqué andando hasta sentarme frente a él y me preguntó:

‘¿Qué te ha impedido ausentarte. Es que no te habías comprado tu camello?’

Le dije: ‘¡Oh Mensajero de Allah! Por Allah que si hubiera seguido a cualquier otro hombre de este mundo, me habría excusado con él. Sin embargo, no estoy dispuesto a mentir con argumentos falsos, sino a decirte la verdad aunque te enojes por ello.

Y afrontaré las consecuencias que se deriven, deseando que Allah, Poderoso y Majestuoso, acepte mi arrepentimiento.

¡Por Allah, que no hay excusa para mí, de ninguna clase!

¡Por Allah, que nunca había estado tan fuerte y tan preparado como para esta campaña!’

Y dijo el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz:

‘¡De momento, esta es la verdad y ahora veremos qué dictamina Allah en tu caso!’

Después me siguieron unos hombres de Banu Sálama y me dijeron:

‘¡Por Allah, que no te habíamos visto falta alguna anterior a esta. Y has sido incapaz de excusarte ante el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, como lo han hecho los demás. Si lo hubieras hecho te bastaría que el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, pidiera el perdón para ti!’

Por Allah, que no cesaron de hacerme reproches, hasta tal punto que pensé volver al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, y desmentirle lo que le dije.

Después les pregunté: ‘¿Hay alguien más como yo?’

Dijeron: ‘¡Sí, hay dos hombres más que dijeron lo mismo que tú y les ha dicho el Profeta, Allah le bendiga y le de paz, lo mismo que a ti!’

Pregunté: ‘¿Quiénes son?’

Dijeron: ‘Murára Ibn Rabía Al Amrí y Hilál Ibn Umeya Al Waqifí.’

Dijo Kaab:‘Me mencionaron dos hombres rectos y ejemplares que estuvieron presentes en la batalla de Badr.’

Y el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, prohibió que nos hablaran sólo a los tres de entre todos los que se ausentaron de la campaña de Tabuk sin excusa aparente.

La gente se alejó de nosotros y todos cambiaron hasta tal punto que cambió para mí la Tierra. Pues, ya no era la misma que yo conocía.

Permanecimos así cincuenta noches. En cuanto a mis dos compañeros, fueron a recluirse en sus casas humillados y llorando. Y en cuanto a mí, yo era el más joven de todos y el más fuerte. Salía para hacer la oración con los musulmanes y para dar vueltas por los mercados pero nadie me hablaba.

Solía ir a la reunión que tenía el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, después de la oración y lo saludaba. Y me preguntaba a mí mismo:

‘¿Habrá movido sus labios para devolverme el saludo o no?’

Después, rezaba cerca de él y le robaba la mirada. Cuando yo estaba en oración, me miraba. Y si me volvía hacia él, me esquivaba.

Pasó el tiempo y los musulmanes me rehuían. Fui, pues, andando y salté el muro de la huerta de Abu Qatáda; era hijo de mi tío y el más querido para mí de todos. Lo saludé y por Allah que no me devolvió el saludo. Después le dije:

‘¿Abu Qatáda, te pregunto por Allah, tú ves que yo quiera a Allah y a su Mensajero, Allah le bendiga y le de paz?’

Se calló y le volví a preguntar lo mismo. Se calló de nuevo y volví a insistir en la misma pregunta.

Finalmente contestó: ‘¡Allah y su Mensajero saben más!’

Mis ojos se cubrieron de lágrimas y me marché por donde había venido, volviendo a saltar el muro.

Cierto día, caminaba yo por el zoco de Medina, cuando un campesino procedente de Sham, de los que vienen a vender alimentos, decía en voz alta:

‘¿Quién me indica dónde está Kaab Ibn Málik?’

La gente le empezó a señalar hacia mí hasta que me vio y me entregó una carta del rey de Gassán. Conocía yo la escritura y leí:

‘¡Ha llegado hasta nosotros que tu dueño te ha desdeñado. Te invitamos, pues, a que compartas con nosotros la casa en la que te honraremos y aliviaremos de ese modo tu aflicción!’

Cuando la leí, dije: ‘¡Esta es otra prueba más!’

Me dirigí después hacia el horno de pan, lo encendí y arrojé la carta para que se quemara.

Habían pasado ya cuarenta de los cincuenta días, cuando aún no había descendido la revelación sobre el asunto.

Después vino un hombre y dijo:

‘¡El Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, te ordena que te apartes de tu mujer!’

Le pregunté: ‘¿La divorcio o qué hago?’

Dijo: ‘¡No, sólo que no tengas relaciones conyugales con ella!’

Envió a decir lo mismo a mis dos compañeros y yo le dije a mi mujer:

‘¡Ve con tu familia y estás con ella hasta que Allah dictamine en este asunto!’

Acudió la mujer de Hilál Ibn Umeya al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, y le dijo:

‘¡Oh Mensajero de Allah, verdaderamente, Hilál Ibn Umeya es un pobre viejo que no tiene criado! ¿Desaprobarías que le sirviera y le atendiera?’

Dijo: ‘¡No, pero que no cohabite contigo!’

Dijo ella: ‘¡Por Allah, que no tiene ganas ni de moverse! ¡Y por Allah, que no ha dejado de llorar desde el comienzo de su asunto hasta hoy!’

Alguien de mi familia me aconsejó:

‘¿Si pidieras permiso al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, para tu mujer? Ya que ha dado permiso a la mujer de Hilál Ibn Umeya para que le sirva y le cuide.’

Dije: ‘No le pediré permiso al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, para eso, porque no estoy seguro de lo que diría, siendo yo un hombre joven.’

Así que permanecí de este modo otras diez noches más, hasta que completamos las cincuenta noches que se prohibió que nos hablaran.

Después hice la oración del alba, la mañana inmediata al cumplimiento de las cincuenta noches, encima de una de nuestras casas.

Y mientras estaba sentado en el estado que Allah, el Altísimo, describió de nosotros, con mi corazón encogido y la Tierra que, en toda su vastedad, se me había estrechado, oí la voz de un sahaba que gritaba dewde lo alto de un cerro y que decía con todas sus fuerzas:

‘¡¡Oh Kaab Ibn Málik, alégrate!!’

En ese momento caí al suelo postrado (en señal de agradecimiento) y supe que había llegado la apertura.

A continuación, anunció el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, a la gente que Allah, Poderoso y Majestuoso, había aceptado nuestro arrepentimiento, después de rezar la oración del alba.

Luego, empezó la gente a darnos la buena nueva y fueron a mis dos compañeros. Galopó hacia mí un hombre a caballo mientras que otro de la tribu de Aslama subió a lo alto del cerro. La voz fue más rápida que el caballo y cuando llegó a mí el hombre que oí dándome la buena nueva con su potente voz, le regalé mis prendas de vestir y se las puse por su alegre noticia. Por Allah, que aquel día no tenía más ropa que aquella y tuve que pedir prestada otra ropa para ponerme.

Me dirigí después hacia el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, y toda la gente se agolpaba para felicitarme y me decían:

‘¡Felicidad para ti porque Allah ha aceptado tu arrepentimiento!’

Luego entré en la mezquita y el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, estaba sentado con la gente a su alrededor. Se levantó Talha Ibn Ubaidillah, Allah esté complacido con él, y corrió a estrecharme la mano y felicitarme. Por Allah, que no se levantó ningún otro hombre de los emigrantes aparte de él sin que a partir de entonces olvidara el hecho de Talha.

Cuando saludé al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, me dijo con su rostro radiante de felicidad:

‘¡Alégrate del mejor día que ha pasado por ti, desde que tu madre te dio a luz!’

Le pregunté: ‘¿Es procedente de ti, oh Mensajero de Allah o procede de Allah?’

Dijo: ‘¡No, más bien procede de Allah, Poderoso y Majestuoso!’

Cuando se alegraba el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, se iluminaba su rostro de tal forma que parecía un trozo de luna.

Y cuando me senté frente a él, le dije:

‘¡Oh Mensajero de Allah, por mi arrepentimiento quiero dar una sádaqa de mi dinero a Allah y a su Mensajero!’

Dijo el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz:

‘¡Será mejor para ti que conserves una parte de tu dinero!’

Le dije: ‘¡Todavía conservo mi parte del botín de la campaña de Jaibar!’

Y añadí: ‘¡Oh Mensajero de Allah, ciertamente, Allah me ha salvado con la verdad. Y de ahora en adelante siempre hablaré con la verdad!’

¡Y por Allah que desde aquel día en que mencioné el hecho al Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, no he visto a ningún musulmán al que Allah haya otorgado la gracia de hablar con la verdad de la manera que me la otorgó a mí!

¡Y por Allah, que desde aquel día no he pretendido mentir a propósito hasta hoy!

¡Deseo, pues, que Allah me proteja de la mentira en lo que me reste de tiempo!

Dijo: ‘Y Allah, el Altísimo, hizo descender la ayat:

(Allah se volvió en favor del Profeta, de los emigrantes y de los auxiliares, aquellos que le siguieron en los momentos de dificultad, después de que los corazones de un grupo de ellos casi se desvían. Después Allah se volvió a ellos. Ciertamente, Él fue Clemente y Compasivo con ellos. Y con los tres que se quedaron atrás. La Tierra se les quedó estrecha y también sus propias almas. Y pensaron que ya no habría otro refugio ante Allah, excepto en Él mismo. Después Él aceptó su tawba cuando se volvieron a Él. Verdaderamente Él acepta la tawba y es Misericordioso.

¡Oh creyentes, temed a Allah y estad con los veraces!).’[2]

Dijo Kaab: ‘¡Por Allah, que Él no me ha agraciado tanto, después de haberme dirigido al Islam, como lo ha hecho otorgándome la veracidad hacia el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz! Y no ser mentiroso con él y perecer como perecieron los que mintieron, ya que Allah, el Altísimo, dijo a aquellos que mintieron, cuando hizo descender la revelación, lo peor que a uno se le puede decir:

(¡Os jurarán por Allah cuando hayáis regresado, para que los dejéis! ¡Dejadlos, pues no son sino suciedad y tendrán el Infierno por morada como compensación a lo que hicieron! ¡Os jurarán para que estéis complacidos con ellos, pero aunque lo estuvierais vosotros, Allah no se complace con la gente depravada!)’."[3]

Lo relataron Al Bujari y Muslim.

Y en otro relato:

"El Profeta, Allah le bendiga y le de paz, salió para la batalla de Tabuk en jueves, que era cuando le gustaba salir."

Y en otro relato:

"Y su regreso lo hacía por el día y a media mañana. Al llegar empezaba por rezar dos rakás en la mezquita y después se sentaba en ella."




10. 22.

  De Abu Nuyaid Imran Ibn Al Husain Al Juzai, Allah esté complacido con los dos que una mujer de la tribu de Yuhaina se presentó al Mensajero de Allah, que Él le bendiga y le de paz, estando encinta por adúltera y le dijo:

"¡Oh Enviado de Allah!, he sobrepasado los límites, así pues, aplícame la pena que me corresponda.

Entonces el Profeta, que Allah le bendiga y le de paz, llamó a su tutor y le dijo: ‘Se bueno con ella y cuando de a luz, ven con ella.’

Así lo hizo y el Profeta, que Allah le bendiga y le de paz, mandó que la cubriesen. Le aplicó la pena, siendo lapidada,[4] y a continuación rezó por ella.

Y le dijo Umar: ‘¿Rezas por ella después de cometer adulterio?’

Dijo: ‘Pero se ha arrepentido de tal forma que si se comparara con setenta de los habitantes de Medina, los igualaría. ¿Y has visto alguien mejor que quien se sacrifica por sí mismo y busca la complacencia de Allah, Altísimo sea, arrepintiéndose?"

Lo relató Muslim.




11. 23.

  De Ibn Abbas y Anas Ibn Malik, Allah esté complacido con ellos, que el Mensajero de Allah, que Él le bendiga y le de paz, dijo:

"Aunque tuviera el hijo de Adán un valle repleto de oro, le gustaría tener dos y sólo conseguiría llenar su estómago con la tierra de su sepultura. Y Allah perdona al arrepentido de todo lo que se arrepienta."

Lo relataron Al Bujari y Muslim.




12. 24.

  De Abu Huraira, Allah esté complacido con él que el Mensajero de Allah, Él le bendiga y le de paz, dijo:

"Allah, Altísimo sea, se alegra por la acción de dos hombres en la que uno mata al otro y los dos entran en el Jardín; pues uno murió luchando por la causa de Allah y el otro, siendo el asesino, no desesperó de la misericordia de Allah, se hizo musulmán y se arrepintió."

Lo relataron Al Bujari y Muslim.


Notas del Capítulo II

[1] Cuando salga el sol de poniente, que será una de las grandes señales del Ultimo Día, se cerrarán las puertas de la misericordia y después ya no se aceptará el arrepentimiento.

[2] (At-Tawba /117-119).

[3] (At-Tawba /95-96).

[4] No se aplica la pena a la adúltera cuando está embarazada, mientras no dé a luz y el hijo pueda valerse sin ella, aunque sea con la leche de otra mujer.


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