LA INHUMACIÓN

LA INHUMACIÓN



El suelo o tierra del cementerio es la morada natural de nuestros fallecidos. En la tierra se completa el ciclo vital del hombre, al que el Corán cita en el versículo 20/55:
“De ella (LA TIERRA) os creamos, a ella  os retornaremos y de ella os haremos surgir otra vez”.

 

La incineración del cadáver no es aprobada por ninguna escuela jurídica islámica.
Las bóvedas, mezquitas-tumbas, tumbas monumentales, son desaprobadas en el Islam.

Asimismo, enterrar a un musulmán con ataúd o con elementos de valor es reprobable.
La filosofía que hay detrás de todas las limitaciones mencionadas anteriormente,  evidencia que el Islam nos orienta siempre hacia lo práctico y útil, y que los recursos de la tierra deberán ser destinados al bien común, es decir a los vivos, a los que la necesitan para seguir en el camino de la supervivencia. Todo gasto innecesario para los muertos perjudica a los vivos. Cada palmo de tierra dedicado innecesariamente a un muerto perjudica a los vivos. Donde encontraríamos un lugar en la tierra para vivir, si hubiésemos hecho de la superficie de la tierra un bosque de tumbas monumentales.

La tumba para los musulmanes es una morada funcional, en ella se protege al cadáver de toda agresión externa, hasta que sea absorbido  por la misma tierra.
 

MODO DE EFECTUAR LA INHUMACIÓN
 

Trasladado hasta el borde de la tumba, se retira del ataud el cadáver amortajado   y se procede al entierro propiamente dicho.
La tumba será abierta en sentido perpendicular a la Qibla, con una profundidad suficiente para proteger al cuerpo de cualquier intento de profanación o exhumación criminal.
Ver figura:

 
 

La excavación deberá tener por lo menos una profundidad de 1,45 metros, y un ancho y largo lo suficiente para que el cadáver quede extendido horizontalmente  e inclinado levemente, sobre la pared más cercana a la Qibla. Esta es la forma tradicional y más utilizada en Occidente (figura a). También se puede realizar un corte (Shaq) longitudinal en el fondo de la tumba sobre la pared más cercana a la Qibla, según muestra la figura b, tal lo realizado en la tumba del Profeta Muhammad (PyB) debiéndose  reforzar estas paredes para evitar su derrumbe.
Retirado el cadáver del ataúd y recogido por uno o dos hombres que hayan bajado previamente  en ella, se introduce en la tumba o en la hendidura, de la forma más conveniente, haciendo que su cabeza quede inclinada a la derecha mirando hacia la Qibla. Luego de depositarlo, se soltarán los nudos de las cintas que ataban los sudarios, especialmente los que están a la altura de los pies.
 
 
 

Quien oriente el cadáver en ese momento, es aconsejable  que exprese BISMILLAH UA ‘ALA MILLATI RASULILLAH (En el nombre de Dios y acorde a las enseñanzas de su Mensajero).

Luego, se procede a tapar o cerrar con piedras o ladrillo. Se vierte la tierra hasta un palmo  sobre el nivel del suelo del cementerio.

Poner una lápida sobre la tumba no es reprobable si el propósito es marcar el lugar de la misma.
Es preferible que las personas encargadas de depositar el cadáver en la tumba sean
los amigos o familiares del fallecido.

Una vez finalizado el entierro se hace súplica por el difunto y por todos los difuntos
de los presentes. Es preferible que uno de los hijos anunciare la disposición de responder ante cualquier deuda documentada que su padre haya contraído en vida. Luego se dispone  junto con sus familiares más inmediatos a recibir el pésame de los asistentes (antes de salir el cementerio).
 

AT TA‘ZIA
(EL PÉSAME)

El pésame es una muestra de solidaridad con los familiares del difunto.
Su objetivo fundamental es cumplir con un precepto del Profeta Muhammad (PyB), cuyo fin es consolar a los familiares y amigos del fallecido, hacerles comprender que la muerte es el destino inevitable e irremediable de todo ser. Es  como elegir frases elocuentes para elevar el ánimo y el umbral del dolor emocional, y aislar al familiar de su tormento.
El Profeta (PyB) solía consolar a los familiares del fallecido diciendo: “Todo está predestinado, entereza y sosiego”.

Llevar una vestimenta de luto, conmemorar los cuarenta días del fallecimiento o el aniversario en memoria del fallecido, reunir a la gente para recitar el Corán durante tres noches después de un fallecimiento, puede ser una forma de recuerdo, aunque no
está establecido en la Jurisprudencia Islámica, siendo evidente en estas costumbres,
la gran influencia occidental que nos ha absorbido a muchos musulmanes.
Rogamos al Todopoderoso volver a los preceptos del Corán y a la Sunna de nuestro Profeta Muhammad (PyB).
El  Islám nos enseña que  respetar la vida tiene prioridad sobre la memoria del fallecido, por lo tanto tendríamos que evitar todo acto conmemorativo innecesario.
 

LA VISITA A LOS CEMENTERIOS
 

La visita a los cementerios no es un acto protocolar que se haga en fechas determinadas, sino más bien es un acto recordatorio tanto en honor del difunto como en beneficio propio.

Demostrar el cariño y el afecto hacia los seres  queridos que nos han dejado es digno de alabanza y muestra de fidelidad y nobleza.
 

Pero lo más importante en tales visitas es aislarse durante breve tiempo del mundo material, reflexionar sobre nuestro destino final, meditar en las buenas acciones que nos beneficiarán el Día del Juicio, recuperar tiempo perdido e intentar siempre mejorar nuestra conducta personal en lo que resta de nuestras vidas.

El Profeta Muhammad (PyB) decía: “Visitad a las tumbas para rememorar la muerte”.

Al entrar a un cementerio es aconsejable saludar a sus moradores.

El Profeta Muhammad (PyB), al pasar por un cementerio solía decir:  Assalamu ‘Aleikum creyentes, habitantes de la morada de la Paz, vosotros nos habéis precedido, y nosotros os seguiremos. Que Dios nos salvaguarde.

La tumba no es lugar de reverencias, ni para hacer de ella un lugar de reunión, ni para pedir del muerto intercesiones o ayudas para resolver nuestros problemas en este tránsito terrenal.
Solamente Allah -Subhanahu ua Ta‘ala- escuchará nuestros ruegos. Él es quien oye las súplicas y es el Señor de las respuestas.


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